Cabaret y otros lugares donde la vida es maravillosa

Cuando Cabaret llegó al cine en 1972 el musical ya era un éxito en Broadway, pero la película de Bob Fosse lo convirtió en un fenómeno cultural. La interpretación de Liza Minnelli, que ganó el Óscar y redefinió para siempre a Sally Bowles, marcó un antes y un después en la historia del género. El film obtuvo ocho estatuillas y se convirtió en una referencia que ha influido en generaciones de creadores. Aunque por el momento no está disponible en streaming en España, su recuerdo sigue presente en la memoria colectiva y en la forma en que entendemos el musical moderno.

Esa herencia es la que recoge la producción de LETSGO, que lleva un tiempo instalada en el UMusic Hotel Teatro Albéniz y que, lejos de perder actualidad, sigue siendo un ejemplo de libertad en los difíciles tiempos que corren: su montaje ha encontrado un pulso propio que dialoga con el presente. En un momento en el que el público busca experiencias que lo saquen de la rutina y la realidad de un mundo en conflicto, este Cabaret se siente más vivo que nunca y se disfruta desde un lugar distinto.

La propuesta dirigida por Federico Bellone parte del libreto original de Joe Masteroff, con música de John Kander y letras de Fred Ebb, y su puesta en escena apuesta por una inmersión total. El teatro se transforma en un Kit Kat Klub contemporáneo donde el público deja de ser espectador para convertirse en parte del ambiente. La experiencia comienza antes de que arranque la función: artistas que se mezclan entre los asistentes, conversaciones improvisadas, música en directo y una atmósfera que invita a dejarse llevar.

La historia mantiene la esencia de la película: Sally Bowles, cantante inglesa que vive al límite; Cliff Bradshaw, escritor estadounidense que llega a Berlín buscando inspiración; Fraülein Schneider y Herr Schultz, atrapados en un romance amenazado por el ascenso del nazismo. La ironía y el pesimismo conviven con una vitalidad que hace que el Kit Kat Klub funcione como refugio, fiesta y espejismo.

El reparto destaca por la presencia de intérpretes muy reconocibles para el espectador. Abril Zamora y Víctor Palmero aportan una energía muy particular que conecta de inmediato con el público, reforzando la identidad del montaje. Junto a ellos, Amanda Digón, Pepe Nufrio, Carmen Conesa, Toni River, Pepa Lucas y Gonzalo Ramos completan un reparto que combina rostros familiares y una sólida formación musical.

La escenografía es uno de los grandes atractivos del espectáculo. El teatro se convierte en un cabaret de los años 30 gracias a una ambientación que envuelve al espectador desde el primer momento. La iluminación, el vestuario y la disposición del espacio – con las mesas – crean una sensación de cercanía que hace que cada escena se viva desde dentro.

Más allá del contexto histórico, Cabaret sigue conectando con el público porque habla de libertad, identidad y supervivencia emocional en tiempos inciertos. Esta versión propone una experiencia donde la ficción y la realidad se rozan constantemente, haciendo que cada función sea distinta. El resultado es un musical que no solo se observa: se habita.

Ecos de Cabaret: obras que comparten su espíritu

En el universo del musical, pocas piezas han sabido retratar con tanta precisión la relación entre el mundo del espectáculo y el contexto histórico como Cabaret. Esa misma mirada crítica aparece en películas como Chicago (2003, Skyshowtime), donde cada número funciona como una reflexión social. Su ironía y su ritmo la han convertido en una obra que sigue dialogando con el presente.

También late ese espíritu en All That Jazz (1979) una película que funciona como un autorretrato sin filtros del propio Bob Fosse, coreógrafo responsable de Cabaret. La mezcla de realidad y fantasía, unida a un montaje frenético, convierte la vida del protagonista en un ensayo perpetuo. Es una obra que explora el precio de la creatividad y la imposibilidad de separar el escenario de la vida personal.

Por otro lado, Moulin Rouge (2001, Disney+) recoge la tradición del cabaret como espacio de libertad y exceso, pero la lleva a un terreno emocional distinto. Su estética exuberante y su defensa del amor como acto de resistencia conectan con la idea de que el escenario puede ser un refugio en tiempos inciertos. La película prolonga el legado de Cabaret desde un prisma más contemporáneo.

La fuerza de Cabaret reside en que cada generación encuentra en este musical un reflejo distinto. Este montaje madrileño demuestra que el Kit Kat Klub sigue siendo un lugar donde la música, la ironía y la fragilidad humana conviven con una intensidad difícil de olvidar. Volver a él ahora es descubrir cómo la historia se resignifica y cómo, en mitad del caos, aún queda un espacio donde la vida —al menos por un rato— se siente distinta.

El cabaret seguirá ambientado en Berlín, pero tiene previsto desplazarse a Valencia este verano para dotar de una presencia escénica que respira libertad y riesgo al caluroso verano en el Mediterráneo.

Por Jordi Casanova

Apasionado de la comunicación. Soy un poco de todo: periodista, bloguero y digital media mánager. Lo que me toque hacer. He trabajado más de 10 años en @Cosmopolitan_tv como responsable de prensa. Fan de las redes sociales, soy un "serieadicto" en el buen sentido de la palabra, aunque la ciencia ficción es mi "placer culpable". Entre mis hobbies también se incluyen la lectura, ir al cine o disfrutar de cómics de ciencia ficción. Apasionado de la música en general y la de los ochenta en particular.