El estreno de Naked Attraction (domingo 22 de marzo, a las 23:00h en DKISS) no es un simple movimiento de programación: supone la llegada al abierto de uno de los formatos más disruptivos y polémicos de la televisión contemporánea. De hecho, marca un punto de inflexión en la relación entre el espectador y un tipo de contenido hasta ahora reservado a entornos más segmentados, normalmente las plataformas de streaming. La adaptación española de este formato británico conducida por Marta Flich (que lleva cierto tiempo en el catálogo de HBO Max) forma parte de unos formatos televisivos que buscan redefinir constantemente sus límites, cuestionado los códigos tradicionales del entretenimiento. El formato, que cumple diez años, aterriza en la TDT española para medir la tolerancia del público generalista.
El programa nació en 2016 en Reino Unido, de la mano de Studio Lambert para Channel 4 (curiosamente un canal en abierto) como respuesta al agotamiento del género de citas. Frente a la sofisticación emocional de otros dating shows, apuesta por un regreso radical a lo esencial: la atracción física como punto de partida. Su mecánica —participantes desnudos que revelan por partes su anatomía— obliga al concursante a verbalizar sus gustos o prejuicios, transformando el programa en un espacio de exposición directa de criterios de selección que normalmente permanecen ocultos. La presentadora, de hecho, anima a los concursantes a comentar sus gustos: ¿cómo te gustan los pechos? ¿Y los penes?
El formato se apoya en la idea de que la elección de pareja responde a impulsos biológicos primarios, invirtiendo el orden narrativo habitual respecto a otros programas más convencionales, como First Dates (Cuatro): aquí la desnudez no es el final, sino el inicio. Este planteamiento genera un tipo de televisión arriesgada, incómoda para muchos espectadores, donde los participantes deben justificar decisiones que suelen ser inconscientes, evidenciando sus gustos relacionados con nuestros físicos: la simetría, la salud, la estética…
Desde el punto de vista formal, el programa refuerza esta lógica con una estética de laboratorio. La iluminación blanca y frontal elimina cualquier rastro de erotización para exponer el cuerpo con una mirada casi clínica. El objetivo es normalizar la diversidad corporal, aunque esta intención ha sido uno de los principales focos de crítica. En Reino Unido, el formato acumuló miles de quejas ante Ofcom, acusado de cosificar a los participantes, si bien este órgano regulador avaló su emisión al no vulnerar los estándares de decencia.
Su expansión internacional ha funcionado como un termómetro de la tolerancia cultural. En Alemania, la tradición del nudismo facilitó su aceptación sin grandes fricciones. En Italia, el contexto obligó a reforzar el componente emocional. En Estados Unidos, en cambio, su llegada generó campañas de boicot que, paradójicamente, impulsaron su consumo. La polémica se consolidó como uno de los principales motores de visibilidad del formato.
En el ecosistema global de programas de citas, Naked Attraction ocupa una posición singular. Frente a formatos como Casados a primera vista (Mediaset Infinity), que priorizan la compatibilidad psicológica, aquí se elimina cualquier mediación para centrarse en la química sexual más primaria. Esta diferencia ha sido interpretada como una evolución hacia un realismo más crudo, especialmente en mercados del norte de Europa, donde incluso se ha utilizado con fines pedagógicos en torno a la aceptación corporal.
En España, su salto a la TDT introduce un nuevo nivel de exposición. La versión nacional destaca por incluir cuerpos y perfiles poco habituales en la televisión comercial – como los no normativos – y también normalizando el deseo bisexual/homosexual/lésbico, con concursantes de sexualidad diversa – ampliando la representación más allá de los estándares tradicionales. Este enfoque conecta con las tendencias actuales de inclusión, pero también somete al formato a un escrutinio más exigente por parte de una audiencia generalista poco habituada a ver este tipo de programas.
A una década de su creación, el programa sigue basándose en mostrar la intimidad como nunca antes se ha hecho en televisión. Cuando el concursante se desnuda frente al compañero elegido, el formato introduce una simetría que redefine la experiencia: todos quedan expuestos en igualdad de condiciones. Más allá de la provocación, la propuesta funciona como un espejo incómodo que obliga al espectador a confrontar sus propios límites y prejuicios. Y eso es siempre positivo.
